el mirador
Mariana Becerra Alva

El mirador
Mariana Becerra Alva
Polish y Santiago se conocen desde hace ya bastante
tiempo. Han vivido muchas aventuras juntos, en realidad, se dicen muchas, pero
que la mayoría de ellas han pasado en un mismo lugar, un mirador; sí, aquel
lugar que con el tiempo tuvieron todo el derecho de declarárselo completamente
suyo.
Ellos han llevado un año formal de relación lleno de
muchas aventuras y riesgos, y digo riesgos, porque ese año de relación ha
tenido que ser a escondidas y sin que nadie sepa de ellos porque la diferencia
de estatus económico y social es bastante notorio y marcado entre ellos.
Santiago es un joven de familia adinerada, hijo de
buena familia por así decirlo, y al ver a Polish, uno fácilmente se puede
imaginar de dónde viene. Es una chica bastante sencilla y humilde. Aunque
parezca extraño, a Santiago y a Polish los unió esa diferencia de estilo de
vida, la madre de Polish es sirvienta en casa de la familia de Santiago, así
que desde la primera vez que ellos se vieron, hubo una conexión inmediata.
Poco a poco mientras pasaba el tiempo, se fueron dando
los intereses en común entre ellos, y a pesar del miedo que ellos tenían por ser
juzgados por sus familias y amigos, no podían evitar ese nuevo sentimiento que
estaban sintiendo por el otro. Algo así como especie de palpitación de corazón
agitada, mariposas en el estómago, todo el día pensar en el otro, sí, a eso
llamémosle “amor”.
Todas las noches de estos 365 años días que han pasado
se han visto en aquel mirador, donde su diferencia de clase social no tiene
importancia, y son lo que son, humanos. Dos jóvenes enamorados, ya que el que
uno sea “rico” y otra “pobre” no los define en lo absoluto. Lo que ellos se
dicen el uno al otro seguido, es que “el amor no tiene clase social”.
Pero hoy, hoy es una noche diferente, la luna brilla
de una manera especial, como si se hubiera vestido de gala. Santiago tiene que
decirle algo importante a Polish, y es que sus padres lo están obligando a irse
de la ciudad ya que se han enterado de su secreto con Polish y les da vergüenza
que su hijo esté con alguien como ella ya que piensan que los les quitaría
prestigio.
Ahora empieza una nueva etapa para Santiago, la
universidad, y ha conseguido pasar la solicitud de una de las mejores
universidades del país, la universidad de sus sueños, pero él está muy
confundido con qué decisión tomar, pero sus padres ya enterados de lo sucedido
quieren separarlo de Polish a toda costa.
Ambos están en una escalera de aquel mirador viendo la
majestuosa vista de la ciudad junto con un cielo estrellado, están platicando
de su día pero Santiago trata de evitar a toda costa el tema de irse de la
ciudad. Polish tiene tantos sentimientos que decirle a él, Polish hoy se siente
diferente, piensa que están cayendo en la rutina, y se está hartando de su
situación, es decir, que Santiago la esconda, de alguna manera.
Hay varios momentos en los que Santiago está a nada de
decirle a Polish la situación, pero no lo logra, hasta esta vez, Santiago lo
dice de golpe, así sin pensarlo, se le hace un nudo en la garganta y solo
guarda silencio, se paraliza ante la situación formando un silencio incómodo en
que se le empezaron a derramar lágrimas, al estar agarrados de la mano. Polish
inmediatamente lo soltó y solo le pide explicaciones.
Santiago en verdad no puede pronunciar o llegar a
completar una frase. Lo único que puede decirle es “perdón”. Polish bastante
indignada, prefiere levantarse y de tanto insistirle a Santiago de que le diga
la situación directamente y no con rodeos, y no recibir ninguna respuesta más
que lágrimas y trabas en la garganta, decide empezar a caminar alejándose de él.
Santiago lo único que hace es agarrarla del brazo, detenerla y robarle un
apasionado beso.
Un beso en el que se siente fuego, como si quemara en
verdad. Al principio del beso Polish se resiste y lo empuja, pero los brazos de
él la estrujan, como si estuvieran pegados a su cuerpo, y después de varios
intentos, deja de resistirse y sigue la corriente de ese apasionado y largo
beso. Terminando el acto, Polish se desapega de él lentamente, a Santiago
nuevamente se le empieza a empapar la cara con lágrimas. Polish no puede más.
No puede más con el hecho de que a Santiago no le salga
ni una palabra. Cada quien se dirige a su hogar, Polish camino a casa en el
autobús no deja de preguntarse una y otra vez el por qué del comportamiento tan
extraño de Santiago, no comprendió ninguna de las acciones que él hizo hace un
momento, ella tiene la tentación de marcarle por teléfono o enviarle un mensaje
de texto, pero su orgullo le impide hacerlo.
Santiago llegando a su casa se siente de lo peor, se
siente el hombre más cobarde del mundo por no haber tenido el suficiente valor
para darle la noticia, pero simplemente le asustaba su reacción; empieza a
golpear la pared con su puño preguntándose por qué no lo hizo. Está pensando
seriamente en escaparse de su casa e ir a buscarla, pero sus padres lo detienen
y le colocan la maleta encima del edredón de su casa junto con el boleto del
autobús dirigido hacia donde haría su nueva vida.
Llega la mañana siguiente, llegó el día menos esperado
y más lleno de miedo para Santiago, pero eso no lo sabe Polish. Ella despierta
con los ojos hinchados después de haber estado llorando toda la noche, ella no
tiene ni la más mínima idea de que ayer fue la última vez que posiblemente volverá
a ver a Santiago, el amor de su vida, o al menos ella lo define a él así, como
el amor de su vida. Ella pensó que como siempre, como todas las noches se
verían en “su lugar”, pero no se imaginaba lo que pasaría.
La noche llegó y el chofer de la familia de Santiago
ya estaba esperando afuera de la casa para llevar a Santiago a la estación.
Santiago no logró decirle nada a Polish en todo el día, él llegó a la
conclusión de que no diciéndole a Polish sería la mejor opción para que no le
doliera más de lo que la ya le dolía, así que entró al auto junto al chofer, ya
con sus pertenencias listas.
Llega la noche y Polish llega en parte arrepentida por
haber dejado así a Santiago, tiene muchas ganas de abrazarlo y besarlo y pedirle
perdón de su reacción y llega con una carta para leérsela en voz alta
diciéndole que solo lo quiere a él y que está lista para decirle a su madre de
su amor secreto y que está lista para afrontar todas las consecuencias, ella
está muy nerviosa esperando por que llegue Santiago.
Santiago ya estando en la estación empieza a escuchar
al vocero anunciando su hora de abordar, que prácticamente es en este momento,
se despide de sus padres y sube al autobús, al colocarse sus audífonos recibe
un mensaje de una foto de una jovencita de familia de dinero que los padres de
él contactaron en la ciudad a la que llegará para que se conozcan y lleguen a
tener una relación.
Pero al ver la foto de aquella hermosa muchacha, a
Santiago se le viene inmediatamente a la mente Polish, esa Polish de la que se
enamoró y que es lo que más quiere en el mundo, empieza a arrepentirse de que
las llantas del autobús sigan rodando sin parar, como si no les importara lo
que está sintiendo en estos momentos, siente impotencia de no haber sido lo
suficientemente valiente para mínimo avisarle que hoy se iría, pero ya ni eso,
lo que quiere es parar el autobús e ir a buscarla y decirle que quiere estar
con ella.
Polish después de haber esperado a Santiago por casi
una hora, desilusionada, Polish se fue a su hogar y dio por terminado todo con
Santiago ya que al llegar a su casa le preguntó a su madre del joven Santiago,
y ella muy natural por no saber de su relación, le dijo que el joven había
partido de la ciudad para ir a estudiar a otro lugar, al saber eso, Polish
quedó devastada y el porta retratos con la foto de Santiago, escondido, que
tiene en su habitación decidió tirarlo ya que para ella es el fin…
Cuadro de Santiago tirado al olvido por Polish. Becerra, 2018
Santiago para el autobús a como da lugar y decide
tomar un taxi que lo lleve a casa de Polish, en el camino piensa qué decirle y
hacer lo posible para que ella lo perdone, mientras, Polish, como puede, ya a
altas horas de la madrugada, va hacia el mirador, ese aquello lugar que es,
bueno, “era” suyo, y se sienta en aquella escalera donde compartieron parte de
su vida, como si pareciera que la compartieron completa, y sí, por esa misma
razón, Polish no se siente suficiente para Santiago, se cree poca cosa, la
diferencia social hace el efecto en ella.
Santiago, al fin llega a casa de Polish y le pregunta
a su madre por ella, la madre sorprendida por su aparición va a buscarla a su
habitación y se percata de que no está, muy preocupada le avisa a Santiago de
la extraña ausencia de su hija. El primer lugar que a Santiago se le ocurre
donde pueda estar Polish, es el mirador. Corre sin parar hacia “su lugar” con
la esperanza de que todo esté bien, pero llega y se encuentra con algo muy
diferente…
Polish está con su cuerpo desvanecido en las escaleras
haciendo una sombra que contrasta con las bellas luces de la majestuosa vista
de la ciudad, y si, su belleza se hace presente, la sangre se apodera de sus
muñecas y ella se va sintiendo fría, pálida, ese color de piel apiñonado se va
haciendo gris más y más. La sangre solo roda por las escaleras de aquel
mirador, sí, su mirador.
Referencia:
Becerra,
M. (2018). El mirador. Puebla: UPAEP.



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